RESUMEN DE LA VIDA DE BUDA

 

 

El príncipe Siddhartha nació hace 2580 años en el país de los shakyas, que en el presente día se encuentra situado al sur de Nepal, en la falda del Himalaya. Dado que nació como príncipe de los shakyas, después de su iluminación pasó a ser conocido como el “sabio de los shakyas” o Buda Shakyamuni.
Se cuenta que una noche, su futura madre, la reina Mahamaya, soñó con un gran elefante blanco de gran belleza que, según los adivinos, significaría el nacimiento de un gran hombre. Cuando se despertó tenía una sensación de gran bienestar y supo que iba a tener un hijo.
Poco después de su nacimiento, un conocido y sabio brahmán fue a palacio. En cuanto vio al bebé enseguida se dio cuenta de qué aquel niño sería un gran ser, y predijo al padre de Siddhartha, el rey Shuddhodana, que si su hijo continuaba en palacio llevando una vida mundana llegaría a ser un monarca universal, pero si renunciaba a su hogar y posición y vagaba por el mundo como un hombre santo se convertiría en un buda completamente iluminado.
Esta última posibilidad se convirtió en una amenaza contra la que había que protegerse. El rey shuddhodana quería que su hijo fuera un gran soberano así que hizo todo lo posible para que las cosas tomaran el camino deseado. Durante años aisló al príncipe del mundo y lo rodeó de lujo y placeres para que no tuviera nada en qué preocuparse ni nada qué desear. A los 16 años Siddharta se casó con Yasodara, con quien tuvo, más tarde, su primer y único hijo, Rahula.
La vida del príncipe transcurrió libre de preocupaciones unida a unos fuertes lazos familiares y de posición, según los planes establecidos por el rey. Sin embargo, a lo largo de cuatro salidas de palacio consecutivas el príncipe se encuentra con cuatro personajes que le harán abrir los ojos y le permitirán conocer la verdad del sufrimiento y la impermanencia.
El primer día ve a un anciano que camina dificultosamente apoyado en un bastón; al siguiente a una señora gravemente enferma y, por último, contempla el cadáver de una persona y su incineración. En un gran estado de aflicción Siddhartha pide a su asistente, Chandaka, que lo lleve de vuelta a palacio. Ya en su cuarta salida se encuentra con un mendigo de porte honesto y sereno que ha renunciado a su vida mundana en su propósito de la búsqueda de la supresión del sufrimiento.
A sus 29 años Siddhartha toma el firme propósito de abandonar su hogar y convertirse en un asceta para poder trascender el sufrimiento que la vejez, la enfermedad y la muerte provocaban y que establecían restricciones en la existencia que él no podía aceptar como definitivas.
Abandonó el palacio una noche, después de echar una última mirada a su esposa y a su hijo que dormían. Todo el mundo dormía. Todas las mujeres del palacio, todos los guardianes, nadie apareció para impedir su partida. El estaba “despierto”.
Aprendió con grandes maestros y grandes yogis. Al no conseguir el objetivo deseado de alcanzar la liberación decidió emprender la vía él solo junto con otros cinco seguidores, con lo cual se entregó a una práctica drástica de ascetismo y de ayuno que casi acabaron con su vida.
Un día, mientras estaba sentado en un estado profundo de meditación, escuchó a un maestro de música que decía a su alumno estas palabras: “Fíjate bien en este laúd, cuando las cuerdas están demasiado tensas pueden llegar a romperse, y cuando están demasiado flojas, entonces no suenan”. Siddhartha se dio cuenta en ese mismo instante que el camino qué había que seguir era el camino medio, el punto intermedio que existe entre dos extremos. En los días siguientes volvió a comer y sus seguidores creyendo que había cedido a su lucha lo abandonaron.
Cuando recuperó totalmente su salud e invadido por una fuerte sensación de realización, a la edad de 35 años, se sentó firmemente con las piernas cruzadas, en la postura de meditación debajo de un árbol bodhi, y allí alcanzó la “Iluminación”.
Desde entonces a Siddhartha le llamaron el Buda, el “Iluminado”.

 

                                                                                     Por Jose (Thubten Kelsang)